September 28, 2021

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UN AÑO MÁS DE AUSENCIA

Por César González Guerrero

Seguramente todos los seres humanos que hemos sufrido la pérdida de un ser querido, familiar o amistad, recordamos siempre, en algún momento de nuestra existencia, detalles inolvidables como para evocarlos y honrar su memoria. Hoy quiero expresar lo que muchos guerrerenses hacemos, en pláticas, eventos litúrgicos y otros en nuestro pensamiento.

Quienes podemos escribirlo, compartimos con todo respeto este sentimiento.

Como fue la rutina diaria durante su hospitalización, aquel día miércoles 5 de septiembre del 2013, hace 8 años, saliendo de impartir mis clases en el Colegio de Bachilleres, plantel Mazatlán, como a las 2 de la tarde, pase a saludar a mi padre postrado en la cama asignada del Hospital Anáhuac en Chilpancingo, lo encontré con los ojos cerrados, como si estuviera dormido. Muy diferente a los días que estuvo hospitalizado, desde el domingo 1 de septiembre del 2013 que lo veíamos con ánimo de vivir, disfrutando de sus amenas platicas. Aun teníamos esperanza de que pudiera salir mejor, como en otras ocasiones.

Me extrañó que al preguntarle cómo estaba, ya no me contestó. Volví a preguntar qué tenía o sentía, tampoco hubo respuesta. Me preocupé y volví a preguntar si quería irse a Copala, fue hasta entonces que abrió el ojo izquierdo. Entendí que con ese guiño me estaba contestando afirmativamente, que sí quería irse a Copala y así lo decidimos de inmediato con mis hermanos.

De manera apresurada se realizaron todos los trámites de salida del hospital y localizar el servicio de una ambulancia para traslados de urgencia. Como a las 19 horas iniciamos el recorrido, con algo de lluvia, de más de 3 horas de Chilpancingo a Copala, a donde llegamos aproximadamente a las 11 de la noche.

Para eso, la doctora especialista en Nefrología Tania Leticia Tello Divicino, nos había entregado su nota de medicina interna, en donde quedó asentado que mi padre tenía “…diagnósticos de doble tumor primario, cáncer de páncreas y próstata en etapa terminal…”

Durante su internamiento fue muy bien atendido, con calidad de vida, con todas las comodidades, se le efectuaron los cuidados de un paciente en etapa avanzada del cáncer. Se mantuvo estable, tolerando la vía oral y sin dolor. Sin embargo, a esta fecha se agrega delirio y agitación psicomotora, autorizando con todas las recomendaciones el traslado del paciente a su lugar de origen. El Pronóstico médico fue malo a corto plazo, por patología oncológica de base. Es decir, Grave.

Con el diagnóstico final y la autorización de salida del hospital, empieza la cuenta regresiva de mi padre. Quienes estuvimos acompañándolo en esos momentos difíciles, lo despedimos con lágrimas, como presintiendo que su agonía estaba presente.

Nosotros sus hijos, sí fuimos enterados desde el mes de mayo de la gravedad de su salud, y fue por ello que los últimos meses vivió en Chilpancingo. Jamás sufrió algún dolor y tampoco se enteró del padecimiento de cáncer. Simplemente le brindamos todas las atenciones que se merecía. Hasta el último momento, mi padre fue valiente y de una gran fortaleza física y espiritual.

Ya en la ambulancia, con todo el apoyo de los 2 paramédicos que lo fueron auxiliando durante todo el trayecto, mi hermana Yolanda y yo reanimábamos a mi padre, porque sabíamos que sí estaba escuchándonos. Hablamos en todo el camino, animándolo, comentándole todo lo que íbamos avanzando, explicándole que la lluvia no nos permitía avanzar más rápido pero ya pronto estaría en su casa y en su cama, como era su deseo.

Desde esa noche ya en su inolvidable “cuarto”, recibió la visita de la familia más cercana, pero debido a la gravedad, lamentablemente ya no fue posible atender a sus amistades que estuvieron atentos desde su llegada. Desde que se acomodó en su cama, en medio del silencio, sólo escuchamos lo difícil de su respiración, pero jamás una queja.

Nosotros permanecimos juntos casi todos, hijas e hijos, nueras y yernos, nietos y nietas, sus hermanas y hermanos, unos orando por su recuperación y otros comentando el tema de su salud, muy preocupados. Así estuvimos también todo el día y parte de la noche del jueves 6, hasta que aproximadamente a las 22.30 horas de la noche, los gritos desesperados de mi sobrina Anayanci nos anunciaba que mi padre estaba muriendo. Rápido nos acercamos a él y alcanzamos unos segundos antes de expirar para expresarle que estuviera en paz y tranquilo, que estábamos toda la familia unida y junto a él. Seguro nos escuchó con esa serenidad que le caracterizo en vida, y se fue en paz.

Hoy, después de 8 años de su partida a la eternidad, le seguimos recordando y honrando su memoria. ¡¡Descanse en paz!!

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