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EL ORGULLO DE SER CAMPESINO

Por César González Guerrero

Ser campesino no es una cosa sencilla. Es un título que se gana trabajando en el campo todos los días del año y solo se descansa cuando hay desastres naturales, algún problema de salud o acontecimiento social que es muy común en todas las comunidades rurales del país. No hay vacaciones. No hay “puentes largos”. No hay eventos cívicos. Regularmente no existe un horario porque el trabajo del campo se realiza de acuerdo con las exigencias que la jornada requiere cotidianamente.

Un campesino autentico no solo es aquel que vive en el campo; tampoco aquel que vive del campo. Un campesino no es el que solamente utiliza las herramientas de trabajo que exige el área rural. Un campesino es aquel que con su esfuerzo físico y mental hace producir la tierra y se gana el pan con el sudor de su frente. Como propietario de un predio, como arrendador o sin tierra, un campesino se siente orgulloso de ganarse el sustento familiar con verdadero sacrificio y honradez.

Desde luego se debe reconocer, hay campesinos que, gracias a su gran esfuerzo y con el apoyo de la familia han logrado superar carencias y por supuesto su capacidad económica se refleja en varias formas. Unos reciben herencia, otros empiezan de la nada, sin tierra, sin instrumentos de labranza, trabajando de peón, y muy difícilmente, pero logran ahorrar y con el tiempo cambia su situación económica. Otros, quizá con mayor sacrifico y esfuerzo, logran “sacar” a sus hijos adelante, estudiando una profesión en escuelas públicas. Y se da el caso, por diferentes circunstancias, algunos estudian hasta en escuelas privadas. Hay varios ejemplos.

Como sea, los campesinos hacen de su trabajo un modo de vida nada estresante, pero si preocupante.  Hay días en que se come la “memela a seca” o mojada con agua de sal. A quienes mejor les va comen “memela embarrada de chile” o de frijol. A pesar de todo saben muy ricas y sí se disfrutan, “bajándoselas” con agua de la “tinaja” o del “bule” y otros afortunados con café conocido como “agua chirria” es decir, tienen más agua que sabor y olor a café. Pero eso si bien calientito en las brasas del fogón.

Para el campesino autentico vivir la vida diaria significa levantarse muy temprano, prepararse para salir a trabajar a su terreno o de peón, algunos quizá a “ganarse lomo”. Cantando, “chiflando”, platicando o simplemente pensando, su alegría y esperanza no mueren. Se dan ánimo y se ilusionan con que un nuevo día sea mejor. La jornada de trabajo del campesino concluye hasta que se “mete” el sol o hasta que el cuerpo aguante. Depende del tipo de actividad a realizar y del clima. Nada detiene su trabajo. Ser campesino es una enorme responsabilidad.

Posiblemente muchos de nosotros, ya por gusto, por la edad y no por nuestra profesión, dejamos de ser campesinos en los hechos, pero somos campesinos de origen y corazón. Eso es para toda la vida y lo más importante.

Tal vez lo que se ha descrito actualmente ya no sea una realidad, pero lo que sí es cierto es que las dificultades jamás doblegaron o rinden al campesino. Su fuerza física está respaldada por la fuerza espiritual. Al campesino lo mantiene firme la Fe y Esperanza de que algún día le irá mejor. Como ellos mismo lo expresan “…la esperanza muere al último…”. Deseamos lo mejor a los campesinos de México, Guerrero, Costa Chica y Copala. ¡Vivan las y los campesinos!

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