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HONRAR A LAS MAESTRAS Y MAESTROS DE MÉXICO

Por César González Guerrero

En el marco de la celebración del día del Maestro este 15 de mayo y que se conmemora desde el año 1918, considero propicio no solamente expresarles una Felicitación y Reconocimiento a su trabajo, si no también hacer una modesta reflexión, acerca de la importante labor que realizan y han realizado los Maestros y Maestras.

El ser humano nace con ciertas habilidades y destrezas, con inteligencia y talento, con visión y con proyecto, siendo el hogar en donde se inicia la adquisición de los conocimientos elementales y es en la escuela en donde se fortalecen sus aptitudes y capacidades. Es en este contexto en que surge el Maestro o Maestra, este elemento humano fundamental para la formación de individuos capaces de llevar a cabo acciones que coadyuven en la transformación de la sociedad.

Si bien es cierto que la Madre y el Padre son piezas claves en preparar a los hijos desde el hogar, sin duda son las Maestras y Maestros los personajes capacitados para educar a los niños y jóvenes; son los especialistas que tienen las herramientas pedagógicas y metodológicas para hacer de un pequeño un buen ciudadano. Para eso estudiaron y para eso es su vocación. Son personas que por sus años de estudios previos para enseñar, merecen el calificativo de Maestro o Maestra.

Sin embargo, como todas las cosas, antes del surgimiento de las instituciones o Escuelas formadoras de Maestros en México, la educación estaba bajo la responsabilidad de las estructuras de las respectivas épocas: primitiva, medieval, moderna y contemporánea; desde el surgimiento del hombre viene la necesidad de enseñar, de educar y de preparar a los pequeños, para el trabajo y para el desarrollo social. Es ahí en donde el Maestro, genéricamente hablando, tiene la necesidad de buscar elementos teóricos y científicos para cumplir con ese compromiso social. Y es a partir de ahí en donde los padres de familia encargan al maestro el enorme reto de terminar con la ignorancia, enseñar dinámicas viables para el aprendizaje, estudiar las ciencias, conocer y aplicar las tecnologías para, finalmente, hacer hombres y mujeres útiles a la Patria.

En esta ocasión me permito rendir un homenaje y compartir los recuerdos de mis primeras Maestras que apoyaron mis estudios de nivel Preescolar en ese tiempo llamado Kínder, esperando haya otras oportunidades para mencionar a los de nivel Primaria en mi tierra Copala, Secundaria en Acapulco, Vocacional y Superior en el entonces Distrito Federal. Va a mis Maestras y Maestros, algunas y algunos ya fallecidos, mi agradecimiento por siempre.

Recuerdo que antes y después de cumplir los 6 años de edad, como en todas las familias pobres, mis padres nos decían que el estudio iba a ser la mejor y única herencia que nos iban a dejar. En lo personal tuve la suerte de ser atendido los primeros meses del año 1960 por una Maestra jubilada apoyada por su hijo que con 15 niños y niñas nos integraron en un grupo de Kínder en Copala. Estas personas de cabello «cano» (lamentablemente solo recuerdo el nombre de su hijo Rafael), fueron mis primeros maestros venidos de la ciudad de Puebla, mismos que, por razones desconocidas,  no duraron mucho tiempo y su lugar fue ocupado por una joven mujer de 19 años llamada Petra Figueroa Galeana, originaria de Copala y que gracias a Dios aún vive. A ellos, y muy especialmente a Petrita, reitero mi Reconocimiento por ayudarme a iniciar mis primeros estudios.

Para reforzar nuestros conocimientos, simultáneamente junto con mi hermano Javier, mis padres nos inscribieron otros meses más en la Escuela Particular que funcionó desde el año 1942 en el domicilio de la Maestra Sidonia Ortega Molina originaria de San Luis Acatlan utilizando el clásico silabario de San Miguel Arcángel, quien apoyada por la inolvidable Teresa Aparicio González  «Ma’teresa» con su inseparable «bejuco», también nos enseñaron a leer y escribir para ingresar a la Escuela Primaria Miguel Hidalgo Y Costilla de Copala, mi hermano en 1958 y yo en 1960.

Ahora puedo decir que, como muchos niños y niñas, aprendí a leer y escribir trabajando y estudiando desde los 5 años de edad. Con esfuerzo y sacrificio, pero con satisfacción  y orgullo. ¡¡Gracias a nuestros Padres y Madres!! Creo es una grata experiencia.

¡¡Felicidades Maestras y Maestros de México, Guerrero, Costa Chica y Copala!!

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